El miedo que no es lo que parece

Rebeca Ferruz sonríe con calma mirando a cámara en una sala de piedra rústica con plantas; imagen del episodio sobre de dónde viene el miedo.

Hay miedos que tienen una explicación tan lógica que ni se nos ocurre cuestionarlos. Y, sin embargo, no se calman por mucho que los razonemos. Quizá porque no nos están hablando del presente, sino de algo mucho más antiguo. De eso va el nuevo episodio: de dónde viene el miedo cuando no es lo que parece.

En el nuevo episodio te llevo dentro de un caso real de una sesión privada, con la identidad protegida, porque lo que le ocurrió a esta mujer nos atraviesa, de una forma u otra, a casi todas las personas sensibles. Aquí te cuento el corazón de lo que vas a encontrar.

Una mujer que había dejado de dormir

Llegó a la sesión con algo muy concreto y muy físico: llevaba días sin dormir.

Se acababa de separar. Había vuelto a su país de origen, ella sola con su hija, una bebé de poco más de un año, a empezar de nuevo. Y a los pocos días de llegar, le entraron en casa. No estaban ellas, no pasó nada grave, no se llevaron nada importante. Pero algo dentro de ella se rompió. Desde esa noche, el miedo se hizo enorme: a que volvieran, a estar sola, a no poder proteger a su hija. Y el cuerpo se le cerró.

Si te cuento esto así, la explicación parece evidente. Una mujer joven, recién separada, sola con un bebé, en un lugar nuevo, a la que acaban de entrar en casa. Claro que tiene miedo. Cualquiera lo tendría. Todo encaja.

Y aquí es donde quiero que pares un momento. Porque que algo encaje no significa que sea toda la verdad.

La trampa de los miedos que "tienen sentido"

Lo que sentimos casi siempre tiene capas. Hay una primera capa, la más visible, con una explicación racional perfecta. Y esa capa es real. Pero muchas veces es solo la superficie, la punta de algo.

El error que cometemos casi todas —seas una persona sensible o no— es quedarnos ahí: "siento esto porque me pasó esto", y no mirar debajo. Seguimos calmando la superficie, razonando el miedo, poniendo cerraduras nuevas, y no entendemos por qué, por mucho que lo expliquemos, el miedo no se va.

Si además eres una persona sensible, quedarte en la superficie te cuesta más caro, porque no recibes solo el miedo: recibes el campo, la intensidad, mil matices a la vez. Y sin una forma de ordenarlo, te agotas intentando entender desde la mente algo que no nace en la mente.

Aprender a discernir: la pregunta que lo cambia todo

La pregunta que abre el camino no es "¿qué me da miedo?". Es "¿de dónde viene de verdad?".

Discernir es aprender a preguntarte: esto que siento, ¿me habla del presente, o el presente solo ha tocado una herida que ya estaba ahí desde antes? Porque la respuesta cambia por completo lo que necesitas hacer con ello.

Y quiero decir esto con mucho cuidado, porque es delicado: a esta mujer no le pasó nada "porque lo atrajera", ni como castigo, ni nada parecido. No va de eso. Va de que, a veces, la vida nos pone delante un suceso que funciona como un espejo. No provocamos el espejo, pero el espejo nos muestra algo. Y lo que aquel suceso le estaba mostrando no era "el mundo es peligroso". Era un miedo mucho más antiguo, que vivía en lo inconsciente y llevaba años esperando para hacerse consciente. Su miedo de ahora no era el problema. Era la puerta.

Ir a la raíz, y por qué aparece justo ahora

Cuando fuimos debajo de ese miedo, no apareció la casa, ni la inseguridad de estar sola. Apareció algo de mucho más atrás: una herida de su infancia, una parte suya que aprendió demasiado pronto a sostener sola, sin que nadie la sostuviera a ella.

Y entonces se entiende la simetría, que es lo que más me conmueve de cómo se ordena la vida cuando aprendes a leerla. Ella había vuelto, físicamente, a sus raíces, justo en el momento en que tenía que sostener sola a una niña pequeña. La vida la había llevado de regreso a su origen para que pudiera sanar el origen. El alma no estaba repitiendo el dolor por repetir: lo estaba trayendo a la superficie para sanarlo, para que ella no le pasara, sin darse cuenta, ese miedo heredado a su propia hija.

El desarrollo completo de la sesión, lo que se mostró y cómo se armonizó, lo cuento entero en el episodio. Es la parte más íntima, y prefiero acompañártela en voz, no en texto.

De comprender a integrar

Lo que pasó después no fue magia. Quiero ser honesta en esto: no fue un truco ni una promesa milagrosa. Fue integración. Cuando esa memoria se reorganizó, cuando el miedo dejó de hablar desde la niña que fue y empezó a hablar desde la mujer que es hoy, el miedo se desbloqueó. Recuperó la sensación de tener raíces firmes debajo, volvió a sentir seguridad en su propia casa. Y volvió a dormir. Las dos volvieron a dormir tranquilas.

Esto también te habla a ti

Porque lo que le pasó a ella te pasa a ti, de otra manera. Todas tenemos miedos, intuiciones, señales y sensaciones que damos por entendidas y nunca miramos por dentro. Y aprender a mirar debajo —a recibir lo que sientes sin perderte, a discernir de dónde viene de verdad, a llegar a la raíz, a entender por qué aparece ahora y a hacer algo real con ello— no es un don con el que se nace. Es algo que se aprende. Y cuando lo aprendes, tu sensibilidad deja de ser eso que te desborda y se convierte en una guía en la que puedes confiar.

Ver o escuchar el episodio

Puedes verlo en vídeo o escucharlo como episodio del pódcast, donde te resulte más fácil acompañarte hoy.

🎥 Ver el vídeo:

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Con cariño,

Rebeca Ferruz | Laspleyades.es
Frecuencia ADN Azul · Canal de Luz · Canalización Encarnada

*Este contenido acompaña procesos de consciencia y autoconocimiento. No sustituye atención psicológica, médica o terapéutica.*

¿MIEDO A PERDER? TODOS TENEMOS UN AS BAJO LA MANGA...

AS PICAS

¿Somos conscientes de las vivencias que dejamos de experimentar o postergamos a lo largo de nuestra vida en anticipación al miedo a perder? Posiblemente en el mayor de los casos, nos aferramos a la seguridad de sostener el control dejando de realizar aquello que anhelamos desde el alma por duda a la perdida. Realmente ¿existe la perdida o es solo un pensamiento? Nos distraemos en lo que nos sentimos más cómodos y seguros pero... ¿Qué hay detrás de no vivirlo? ¿Qué excusas mentales nos creamos para sentirnos "aliviados" de no ir más allá del miedo a traspasar esas barreras? ¿Qué experiencias o creencias hemos comprimido en nuestra cabeza, grandes o pequeñas, para no ver más allá del muro en amplitud?

Tal vez, estamos tan acostumbrados a la dualidad del bien y el mal que solemos tomar el camino que creemos "más correcto", en lugar de aventurarnos a traspasar, sentir o evolucionar fuera del control de no saber que será de nosotros si rompemos el esquema hacia lo desconocido. Es decir, nos apegamos a lo conocido por miedo a la incertidumbre del riesgo a que nos "salga mal". Nos gusta tanto sentir y tener el mando de la famosa sensación vendida de la "felicidad" que no observamos la posibilidad inconsciente que hay detrás de sentir el fracaso, frustración, engaño, rechazo, abandono, dolor, debilidad, soledad, etc. ¿Qué hay de "malo" en sentir ese otro lado opuesto a la "felicidad"? Yo veo que nos volvemos egoístas por solo mirar "la mejor" parte del pastel, dejando de completarnos y conocernos en plenitud de todas las partes, de ser merecedores de cualquier experiencia sin dualidad, simplemente permitiéndonos experimentarlas, sintiendo quien somos en todas ellas.

¿Por qué nos apegamos a según que repeticiones en el trabajo, relaciones, actividades, etc. no fructíferas? ¿Por qué nos cuesta tanto en según que situaciones cambiar, soltar o ampliar aquello en lo que ya nos sentimos agotados, cómodos o expertos? ¿De que trata la vida si mayormente experimentamos o vivimos el confort de lo rutinario? ¿Por que nos gusta tanto poseer un estatus social, económico o a otras personas? Parece que partimos de ese mismo molde mental que condiciona nuestras vidas tratando de conseguir, poseer, construir, competir, etc. siguiendo un patrón inconsciente que no dejamos de repetir por no darle un poquito más de consciencia. Si paramos el ritmo ajetreado de nuestras vidas, observamos que el 95% de nuestros actos al día son inconscientes y muchas de las cosas que acarreamos al final se trata de liberarlas y vivir en paz, darnos cuenta que con menos somos más y siendo más nosotros mismos necesitamos menos.

Para adentrarnos en el camino a nuestro inconsciente es tan sencillo como observar todo el escenario. Situación conflictiva de nuestra vida, escena del impacto, pensamientos, sentimientos, emociones, sensación física y emoción oculta. Ejemplo:

Situación conflictiva: persona vive con sus padres, no tiene trabajo, hace un tiempo que está en un relación.

Escena impacto: su pareja le dice que quiere tener un hijo.

Pensamientos: locura, no sabe lo que dice, presión.

Sentimientos: obligación.

Emociones: rabia.

Sensación física: presión en el pecho.

Emoción oculta inconsciente: profundo miedo al abandono.

Este sería un pequeño ejemplo para observar fácilmente cada situación hasta el último tramo del camino y adentrarnos en el túnel de la emoción oculta inconsciente que es la más importante para darle la vuelta a la rueda y salir de cualquier bucle siendo consciente. Una vez le damos luz a la parte inconsciente, nuestra vida cambia, se vuelve más sencilla y fluida. Cada vez todo es más acelerado en toma de consciencia.

¡Si no arriesgamos estamos muertos! Muertos en vida! Todos tenemos un As bajo la manga en nuestra vida, se trata de jugarla con nuestras mejores cartas y arriesgarnos al cambio, sin el miedo a la perdida, porque esta no existe. Mentalmente como algo ancestral la perdida la asimilamos a la muerte, como el AS de picas, pero sabiendo con certeza y en consciencia que la muerte no existe, todo es una transformación de forma constante y una transcendencia de energía. Una cosa da lugar a la otra, donde toda imperfección da lugar a la perfección de la vida y al revés, son ciclos de todas ellas. Una tras otra y a la vez entrelazadas...

AS PICAS LOVE

 

Un abrazo,

Rebeca

 

 

 

Universo & Mundo interior - Ley de atracción

El movimiento del universo es una guía al conocimiento de nuestro mundo interior. La energía que vibramos en la escala de nuestras emociones y pensamientos, es nuestro GPS de atracción indicativo para hallar el camino a nuestra esencia o propósito interno. Los pensamientos amables o amorosos "belleza o gentileza" tienen una carga eléctrica baja y suave que es expansiva y fluida. Los pensamientos pesados vienen altamente cargados y envueltos de emociones magnéticas, donde atraemos las dificultades para despejar aquello que "no somos". Cualquier limitación, juicio, negación, culpa, remordimiento o resentimiento se vuelve una pesa en un globo aerostático sin poder elevarnos. El juego de nuestro crecimiento, es traspasar los limites de nuestros puntos "oscuros" miedos como la oportunidad de transformarnos, liberando esos viejos patrones densos y saber quienes somos atrayendo la fluidez de energía positiva.

 

Un abrazo expansivo de amor,

Rebeca

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